martes, 24 de junio de 2008

Entre la espada y el pañal

Por qué acepté un sábado con amigos? Ah ya se, pensé, amigos, viejas épocas, y otros etcéteras. Vaya a saber que fue lo que me condujo esa noche a las puertas de aquella casa, que por fuera parecía normal; y por dentro, era el “templo de Barny”!.

Y mis amigos al igual que yo crecieron. Pero no sólos, la mayoría se casó, amontonó, amuchó, juntó, concubinó (término inexistente pero útil a estos fines) y estas situaciones trajeron sus consecuencias, las cuales ahora corren, gritan, patalean, rien, lloran, y tienen nombres (a los cuales no responden).Allí estaban mis amigos y sus familias. Y eran demasiados para la casa.
Ah, yo soy tipo oveja negra o algún bicho raro, porque llegué solo.
A primera impresión todo parecía normal. Entre tanto pañal, pishina, popo, moco, juguetes, chifles de goma, peluches, mamaderas, autitos, muñecas, jarritos con bombillas, pomos de Dermaglós y óleo calcáreo, estaban mis amigos.
Uno trataba de hacer un asado mientras miraba de reojo a sus hijos como se tiraban con las brasas. Otro quería armar la picada sin picarse los dedos, porque tenía colgada del cuello a su hija. El resto estaba más o menos despreocupado (sus respectivas parejas no).
Las charlas masculinas rondaban los temas de siempre, trabajo, autos, fútbol, y hazañas del tipo: No sabés como le dejé la moto! A todo esto yo respondía un: No me digas/Ah, mirá vos/Que bien/Que mal/Claro.
La mesa fue parecida, pero con la diferencia que allí si intervenían las mujeres, que antes estaban encargadas de la ensalada, los pañales, los cubiertos, el dermaglós, y se amontonaban como gallinas en desgracia. Y las charlas giraban en torno a que habían acampado frente al jardín de la nena para anotarla (más días que los maestros frente al ministerio) si el nebulizador era bueno o malo, si los pañales paspan, si el jabón sacaba las manchas de crayón. La consigna era nombrar todas las palabras en diminutivo.
Me sentí como Favio Zerpa, o en un capítulo de los Expedientes X. Parecía Clemente, no atajaba ni una. Me sentía como ese color que no podés ubicar en el cubo mágico. Estaba entre la espada y el pañal.
Eran mis amigos o me había equivocado de casa? No quería crecer? Me tocaría esto algún día? Llegaría a aprender las letras de Barny? Esas caras eran de felicidad?
Y encima el postre no llegaba más. Incómodo, mi cabeza seguía preguntándome si era yo el antisocial o me faltaba contacto humano. Justo cuando estaba por brotarme se hizo la hora de partir; y allí me fui a casa, confundido y pensando luego de estar con esos seres que antes tenían el pelo largo y otros sueños. A la salida pisé un chifle de goma. No sonó.

1 comentario:

Unknown dijo...

jajaj bueno lo escrito... pero sabes que? creo que esas cosas suceden cdo sentis qe el reloj biologico esta por sonar su alarma... el tiempo pasa y debes pensar que no te llegara nunca hablar del dermaglos jardin y demas manchas porq no solo las hay de crayon...
Es normal... tal vez en otro momento no te hubieras ni mosqueado pero aparentemente tu cabeza te esta haciendo un buen llamado de atencion...
y no pasa por ser antisocial... pasa por una cuestion EMOCIONAL.-
Te dejo un beso...
Cuidate,.
Na.-


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