miércoles, 9 de abril de 2008

Viajar es humano... viajar bien es divino

Vacaciones. Tiempo para descanso y relajación, para pensar lo hecho a lo largo y a lo ancho del año, para encontrarse con uno mismo, para disfrutar con todos los sentidos.
Y con todos los sentidos viví mi último viaje de vacaciones. A Necochea fui, en la empresa El Rápido viajé, y de la madre de ellos me acordé.
Elegí Necochea, y fui a la terminal a sacar los pasajes, luego de preguntar que empresa viajaba, a lo cual un par de compañeras de trabajo me dijeron casi a coro: te lleva el Rápido.
Muy bien pensé, ya se donde comprar los pasajes. Todo venía muy bien, demasiado bien. Llegué a la terminal y saqué los pasajes sin problema, y sin conocer los micros que me llevarían a destino. Error.
Con boletos de ida y vuelta y estadía confirmada le cuento a mi adorable hermana. Ya tengo los pasajes, saqué en El Rápido. ¿En el Rápido sacaste? fue su respuesta-pregunta con cara de si era tonto o practicaba de noche. Si le dije. Y se despachó con un sinfín de causas para no viajar por esa empresa. Debe ser de envidia pensé. Error.
Llegó el día, armé el bolso y arranqué para la terminal a la noche. Y yo que charlo hasta con las paredes, me acerco a una chica de edad indefinida y le pregunto: Este es el que sale a Necochea no? Y casi con la misma cara que me puso mi hermana, me mira y me dice: No conseguiste pasaje en otro micro? Hay... pensé.
Y con solo mirar el micro al que ella se iba a subir y que también iba para Necochea me di cuenta de mi error. Una diferencia abismal. El mío parecía un micro de la hinchada de Atlanta.
Pero con coraje y encomendándome a la virgen de los caminos, me subí. Y ahí nomás al primer escalón, sentí el calor que envolvía mi cuerpo, más bien el olor a tercer tiempo que había dentro del micro. Parecía que no lo barrían desde "verano del '92". Sumado a esto, cuando llego al asiento que me había tocado, que pasaba... no se reclinaba. Obvio.
Bueno, me acomodé, me saqué toda la ropa posible y me dispuse a sufrir el largo viaje. De dormir ni hablar. Aire acondicionado no había, pero en un momento cuando ya estábamos en ruta sube uno de los choferes y se acomoda para dormir. Me acerco transpirado y con cara de perro perdido en enero en la Ruta 2 y le digo: Disculpame, pero el aire no lo van a prender? No anda, cualquier cosa acercate a una ventanilla y abrila. Ni una ni otra, porque ventanilla cerca no tenía y la que quedaba más cerca no se abría. Es así que viajé 8 horas a Necochea en un micro que paró en cuanto lugar podía, y llegué todo contracturado, cansado como perro, y de "yapa" transpirado como testigo falso. Como broche de oro, a la vuelta me tocó el mismo micro.

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